La apertura es inmediata y eléctrica: mandarina jugosa atravesada por el sudor especiado del azafrán, como un estallido cítrico que choca contra paredes marcadas por el exceso. En el corazón, el perfume se vuelve más íntimo y turbio. El iris empolvado y la violeta flotan como una neblina sobre la piel, suaves pero cargados de tensión, recordando el rastro de perfume que queda tras una noche intensa.
El fondo es pura materia quemada. Sándalo ardiente, papiro quebradizo y madera de guayaco construyen una base seca, ahumada y profundamente sensual. Es el olor de una habitación destrozada después de la tormenta, cuando el silencio pesa tanto como el ruido que la precedió. Ten Fifteen no busca armonía: busca verdad, piel, memoria y rebelión.
Un perfume que huele a pecado, madera quemada y libertad absoluta.
Rock on: deja que la piel cuente lo que la noche no olvidó.






