Su frescura muerde
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Una bergamota madura mezclada con bastante lavanda y un final almizclado; exquisita fragancia. 10/10.
Todo perfecto, gracias!
Orto Parisi Bergamask es una fragancia construida sobre una tensión provocadora: la luminosidad vibrante de la bergamota frente al instinto crudo y animal del almizcle. Un choque entre lo limpio y lo salvaje, entre la pulcritud cítrica y el rastro primitivo de una presa aún caliente. Nada en Bergamask es inocente, aunque lo parezca al primer contacto.
La salida es explosiva y brillante, cítrica en apariencia, casi insolente. Pero esa frescura inicial no huye: se adhiere a la piel con una fijación inesperada, persistente, obsesiva. Poco a poco, la fragancia se transforma, se oscurece, se vuelve más carnal. El almizcle emerge como una segunda piel, creando una evolución constante que nunca se detiene, nunca se asienta del todo.
Bergamask no se deja clasificar con facilidad. Es cítrico, sí, pero también profundamente animal. Cambia con el tiempo, con el calor del cuerpo, con el movimiento. Cada piel lo revela de una forma distinta, convirtiéndolo en un extracto vivo, en permanente mutación. Es un juego de atracción, una persecución silenciosa, un rastro que no desaparece.
Esta fragancia no busca agradar: marca territorio. Corre por la piel como una herida abierta, insistente, hipnótica. Bergamask es memoria, presencia, obsesión.
Bergamask es frescura con colmillos.
Un perfume que no se evapora: se queda, acecha y vuelve.
Clasificación: Cítrica
Orto Parisi afirma que nuestro cuerpo puede ser experimentado como un jardín y que sus olores son el verdadero espejo de nuestra alma. Las partes del cuerpo que tienen más olor son aquellas en las que se concentra más el alma. Los olores fuertes se han convertido en desagradables para nosotros. Porque el exceso de alma es intolerable hasta el punto de que nuestro animalismo innato se reprime y rompe debido a la civilización. Este proyecto es mi jardín que yo he plantado, fertilizado, cultivado y cosechado.
Cuenta Alessandro Gualtieri que su abuelo solía usar cubos o cubetas para recoger sus necesidades primarias. Las cuales servían luego para fertilizar su jardín, el cual asegura “desprendía un aire de infinitud”. Por lo que no es de extrañar que Alessandro Gualtieri dedicara la creación de la casa Orto Parisi a su antecesor: “A mi abuelo Vincenzo Parisi y para los que aprovechan el tiempo en experimentar y difundir el perfume de la vida”.
Este proyecto cultivado en el jardín de Gualtieri y su abuelo, nos invita a concebir nuestro cuerpo a modo templo y jardín, ya que los olores que cosechamos son en cierto modo espejos del alma.
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