Desde el primer instante, el cuero se impone con carácter: crudo, noble y sin concesiones. No es un cuero pulido ni complaciente, sino uno vivido, curtido por el uso y la historia. La mandarina aporta un destello cítrico inesperado, una frescura fugaz que ilumina la composición antes de dejar paso a un corazón más profundo y contemplativo. Allí, el incienso arde lentamente, envolviendo la piel con su calidez espiritual, mientras la violeta suaviza la intensidad con un matiz delicadamente empolvado y casi melancólico.
El resultado es una fragancia poderosa, terrenal y sofisticada, que evoluciona como un objeto bien hecho: cuanto más tiempo pasa, más revela su belleza. Cuoium no busca adornar, sino afirmar. Su estela es densa, íntima y persistente, como el olor de un taller antiguo donde el cuero respira, envejece y cobra alma.
Fiel al espíritu de Orto Parisi, el frasco se convierte también en manifiesto: una tapa de metal oxidado con incrustaciones de cuero curtido vegetal, y una funda de cuero reutilizable, única dentro de la colección, que refuerza su vínculo con lo auténtico y lo duradero.
Cuoium es piel, oficio y carácter sin domesticar.
Un perfume que honra el pasado y se graba en la memoria.






