La apertura se ilumina con la frescura delicada de la bergamota, que aporta una nota chispeante y elegante antes de revelar la riqueza floral de la composición.
En el corazón, el cedro se entrelaza con la sensualidad de la rosa y el exotismo dorado del ylang-ylang, creando un equilibrio perfecto entre la elegancia clásica de las flores y el calor envolvente de los paisajes tropicales. Es aquí donde surge la magia de esta fragancia: una alquimia floral capaz de despertar los sentidos con suavidad y profundidad.
Poco a poco aparece la protagonista absoluta: la vainilla, cremosa y seductora, acompañada por matices de caramelo fundido y un delicado toque anisado que recuerda a los dulces aromas de los mercados de Papeete o a la brisa gourmand que recorre un jardín secreto al caer la tarde.
En el fondo, la fragancia se despliega con una sensualidad envolvente. La vainilla se funde con la calidez redonda de la haba tonka y el misterio resinoso del benjuí, creando una estela sedosa, cálida y profundamente adictiva.
Vanille Fleurie de Tahiti es una auténtica carta de amor a la sensualidad luminosa de las islas polinesias, un elixir floral y solar que envuelve la piel con una belleza suave, cálida y hechizante.
Una vainilla floral, solar y exquisitamente envolvente.
El espíritu de Tahití convertido en un perfume luminoso y seductor.
Salida: bergamota
Corazón: ámbar, rosa, ylang-ylang
Fondo: vainilla, haba tonka, benjuí






