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Lorenzo Villoresi Teint de Neige es una de esas fragancias que parecen pertenecer a otro tiempo. Su nombre, “color de nieve”, evoca el delicado tono de un rostro empolvado y nos transporta a los elegantes tocadores de la Belle Époque, entre cajas de polvos perfumados, flores y una feminidad suave, romántica y envolvente.
Desde el primer instante aparece su inconfundible acorde atalcado, acompañado por rosa, jazmín e ylang-ylang. Las flores no se presentan aquí frescas ni verdes, sino envueltas en una nube dulce y sedosa que recuerda al aroma de los antiguos polvos de tocador.
En el corazón, el haba tonka intensifica esa sensación cálida y ligeramente dulce, fundiéndose de nuevo con rosa y jazmín. La fragancia adquiere una textura casi aterciopelada: delicada y reconfortante, pero al mismo tiempo intensa y con una personalidad absolutamente reconocible.
El fondo de heliotropo y almizcle lleva el efecto empolvado todavía más lejos. El heliotropo aporta su característica suavidad cremosa, mientras el almizcle deja sobre la piel una estela limpia, cálida y envolvente.
Teint de Neige se ha convertido en una de las creaciones más emblemáticas de Lorenzo Villoresi precisamente por llevar el acorde de polvos perfumados hasta sus últimas consecuencias. Romántico y nostálgico, pero con una presencia difícil de ignorar, es un perfume para auténticos amantes de las fragancias atalcadas.
Suave como una nube de polvos perfumados.
El aroma de un tocador de la Belle Époque convertido en perfume.
Notas olfativas
Salida: jazmín, rosa, ylang-ylang, notas dulces, atalcadas y florales
Corazón: haba tonka, jazmín, rosa, notas dulces, atalcadas y florales
Fondo: heliotropo, almizcle, rosa, jazmín, notas dulces, atalcadas y florales
Lorenzo Villoresi empezó a hacer perfumes casi por accidente. Estudiaba filosofía en Florencia y viajaba con frecuencia a Oriente Medio, de donde volvía con especias, resinas y maderas que acabaron convirtiéndose en sus primeras mezclas. A principios de los años 80 creó algunas fragancias por encargo para amigos y conocidos, y en 1990 abrió su casa de perfumes al público. Hoy trabaja desde su taller en el Palazzo Villoresi, en la orilla del Arno, donde la familia lleva viviendo generaciones.
Su perfumería tiene mucho de la Florencia antigua, la de los boticarios y los mercaderes de especias que abastecían a la corte de los Médici. Villoresi mezcla materias primas traídas de lejos con plantas de la Toscana, y el resultado son perfumes con una identidad muy mediterránea: cálidos, especiados, a veces empolvados, siempre elegantes. En 2006 recibió el Prix François Coty, uno de los reconocimientos más importantes que puede recibir un perfumista, y fue el primer italiano en conseguirlo.
Su perfume más famoso es Teint de Neige, que huele a polvos de tocador, a piel limpia y a flores suaves, y que mucha gente asocia con la cosmética de sus abuelas. Pero la casa tiene mucho más recorrido. Dilmun toma el nombre de una antigua civilización del golfo Pérsico y mezcla cítricos, azahar y especias. Patchouli es una de las lecturas más elegantes que existen de esta materia prima, terrosa y cálida sin resultar pesada. Musk envuelve la piel con un almizcle suave y limpio, y la línea Mare Nostrum lleva el Mediterráneo al frasco: hierbas aromáticas y aire de mar en el original, y un giro más afrutado y floral en Teti, inspirada en la diosa griega del mar.



