La fragancia se abre con la chispa luminosa de la mandarina y el limón, cítricos que aportan frescura y ligereza, como el primer mordisco antes del exceso. Poco a poco, la vainilla toma el control: cremosa, envolvente, profundamente gourmand. No es una dulzura ingenua, sino una dulzura equilibrada, donde lo goloso convive con un sutil matiz amargo que evita cualquier empalago.
Dulcis in Fundo huele a libertad cotidiana, a pequeños placeres que lo cambian todo. Un perfume que no pretende ser discreto, porque la alegría tampoco lo es. Es memoria, deseo y consuelo, todo a la vez, envuelto en una estela cálida y adictiva.
La vida también se saborea.
Y algunos recuerdos nacen directamente del azúcar y la luz.






